El final del otoño es la época propicia para disfrutar en Extremadura de un espectáculo único: el vuelo de las grullas
La tradición indica que, pasado el Puente del Pilar, ya podemos escuchar sus inconfundibles graznidos: es el momento de salir al campo, coger un prismático o una cámara (y aún sin ellos) y dejarse arrastrar por sus danzas y movimientos en el cielo.
Las fotos de esta entradas están todas tomadas en los llanos de Cáceres, en dirección a Badajoz, cerca del ecoparque: un paisaje de dehesa extremeña.
Las grullas se desplazan diariamente desde sus zonas de alimentación hasta sus dormideros y la dehesa y los llanos cacereños son para estas magníficas aves un lugar propicio para ambas cosas.
Siempre vuelan en grupos y sus formaciones en V son una de sus características más llamativas. Aquí podéis ver una:
Las grullas duermen de pie y, entre los árboles, forman una tribu cohesionada. Verlas ahí, en tierra, es otro de los regalos que nos hace esta tierra nuestra:
Como escribía Marcelino Cardalliaguet hace unos años, Extremadura acoge una de las mayores concentraciones de grullas durante el otoño y el invierno, una riqueza que debemos preservar y proteger.
Aves extraordinarias, de gran envergadura y esbeltas, al salir al campo conviene abrir bien los ojos y, sobre todo, estar atentos a sus graznidos, que revelan su presencia. Es entonces cuando puedes llevarte una sorpresa y captarlas mientras avanzan entre arbustos y encinas:
Vienen de las zonas pantanosas del norte europeo, de Suecia, Noruega, Polonia o Finlandia y llegan a nuestra península en busca de un invierno más suave y favorable para ellas. La llamada grulla común (grus grus) sigue la ruta de occidente para arribar hasta aquí: más de 4.000 kilómetros.
En el paisaje adehesado encuentran humedad y comida, y, pasado el invierno, regresan a sus lugares de origen.
Pero durante estas salidas no solo vamos a ver grullas: los cielos esconden más maravillas, como estas aves rapaces:
O, ya en Valdesalor, otro lugar interesante para el amante de la ornitología, un cormorán, que pude fotografiar casi de milagro:
O la garza real, otra ave vinculada a Extremadura:
Y por supuesto nuestra cigüeña, pues algunas de ellas deciden quedarse aquí todo el año y no emigrar:
Todo esto y mucho más en los llanos cacereños, en la dehesa del entorno y en el pantano de Valdesalor:
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