domingo, 26 de marzo de 2023

LAS CALLEJAS DE VALDEOBISPO

En la mancomunidad del Alagón, cuyo nombre procede del afluente más largo del río Tajo, encontramos Valdeobispo, una pequeña localidad ubicada en un paraje excepcional: entre sierras y dehesas. 

Estamos en el norte de Extremadura, a unos pocos kilómetros de Plasencia. La antigua Val de Obispo - en donde se han encontrado restos que atestiguan un poblamiento desde la prehistoria - es nuestra puerta de entrada al embalse de Valdeobispo, formado por una represa con central hidroeléctrica y que alcanza un volumen de noventa mil metros cúbicos. 

Aquí, en este lago artificial, en su Albergue Turístico, iniciamos nuestra ruta. En este caso, colectiva, con el grupo de Senderismo Gay de Extremadura.


La ruta recibe el nombre de Las callejas de Valdeobispo y nos permitirá disfrutar de uno de los paisajes más agradecidos de Extremadura, la dehesa, de la que ya hemos hablado largo y tendido en este blog, y del que seguiremos hablando, porque la dehesa extremeña es inagotable.



La dehesa es un bosque mediterráneo humanizado, con un triple aprovechamiento forestal, ganadero y agrícola y que, por estas fechas primaverales, se llena del color de su matorral, destacando las retamas, con sus características flores amarillas.

Alcornocales, encinas, robles, algún olivo aislado... Y entre los árboles, los animales, libres y sueltos, pastando. 



Una ganadería sostenible, de calidad. 

Durante la ruta atravesaremos distintas fincas, arroyos, como el del Cañito, y andaremos (en ocasiones, contadas, saltaremos) entre berrocales y bolos, destacando la Peña del Búho.



Durante nuestro caminar nos encontraremos con la Cañada Real Soriana Occidental, lo que nos permitirá apreciar las dimensiones de esta importante arteria, auténtica autopista ganadera, fundamental durante la antigua trashumancia. 

Esta cañada es una diagonal, de 700 kilómetros de longitud, que une Soria con Valverde de Leganés y, en su tramo cacereño, va pareja al río Alagón.


¿Y por qué se llama callejas a esta ruta? Las dimensiones de los senderos, que obligarán a transitarlos en fila india, de uno en uno, explican esta popular denominación. ¡Pero cuidado! Hay numerosos senderos estrechos y hay que mirar bien por donde caminamos para evitar despistes, que, de hecho, resultaron inevitables en nuestra marcha. Pero siempre es posible volver atrás (y a veces es necesario y bueno) y hay despistes que aprovechan.


Fíjate en las casas, de factura popular, y, sobre todo, escucha el sonido de los pájaros: el Verdecillo, el Pinzón, los Rabilargos... Y alza la vista para ver al imponente Alimoche Común

O párate un momento para contemplar el curioso Cortino Colmenero, un muro circular de altas piedras que tenía un objetivo esencial: proteger las colmenas de abejas.



Y siempre nos quedarán los árboles, la encina, de tallo corto pero copiosa copa, que quiere dar sombra y retener la humedad.



Terminamos la ruta donde empezamos: en el albergue turístico de Valdeobispo. Hacer noche en él ofrece la posibilidad de gozar tanto del atardecer como del amanecer en el pantano.

De la (aparente) caída del sol por el oeste


Y de su (aparente) ascenso por el este


Y de los infinitos reflejos de la luz y las nubes sobre el agua.




Como ves, una Extremadura viva y verde, una dehesa que es explosión de flores y frescor, un agua nítida donde mirar a la eternidad.

Puedes mirar la ruta aquí: 


Y seguirla, abriendo el QR


miércoles, 22 de marzo de 2023

EL OBSERVATORIO SOLAR PREHISTÓRICO DE LOS BARRUECOS

Si recorremos el sendero denominado "ruta de los sentidos" por Los Barruecos, llegaremos a tres grandes peñas que nos cuentan una historia fascinante: la Peña Madruga (o "La gárgola"), la Peña de la Seta y la Peña de La Bomba u Onfálica

¡Sí! El nombre de estas peñas silíceas obedecen a una característica de la mente humana: la paraidolia, nuestra capacidad de ver rasgos o patrones familiares en los objetos. Solo en Los Barruecos tendremos la Peña del Culo, la Peña de la Tortuga, la Peña del Dromedario, la  Peña del Caracol...

Pero volvamos a nuestras tres rocas. 

Justo delante de ellas hay un gran batolito granítico que tiene tallados unos escalones para facilitar la subida al mismo. 

Si ascendemos por ellos nos encontraremos ante una gran plataforma frente a las Peñas Madruga, de la Seta y Onfálica, un escenario que se ha relacionado con la posible celebración de ceremonias y rituales por parte de las sociedades que habitaron en Los Barruecos y que nos han dejado numerosos testimonios de su cosmovisión religiosa (en forma de grabados y pinturas rupestres esquemáticos, por ejemplo) entre el Calcolítico y el III Milenio. 

Aquí tienes la plataforma y las tres peñas que nos interesan.

Y aquí podéis ver al autor de estas líneas, oteando el paisaje, subido a la plataforma batolítica, en una foto tomada por Francisco Rubio.

¿Y qué tipo de ceremonias serían esas de las que estamos hablando?

Por desgracia no tenemos ningún testimonio escrito de los cultos y creencias de estas sociedades prehistóricas, pero podemos conjeturar que tendrían ritos que girarían en torno a los equinoccios de primavera y verano y los solsticios de invierno y verano. 

Y es aquí donde la Peña Madruga adquiere un protagonismo central. Fíjate en ella. Fíjate en esa oquedad. Justo por ahí, durante los equinoccios (20-21 de septiembre y marzo), penetra un rayo de luz que va a iluminar un significativo grabado rupestre.

Un grabado esquemático en el que podemos ver lo que se ha interpretado como un hombre (figura fálica) acompañado ¿por una mujer embarazada y un niño?


En todo caso, cazoletas y antropomorfos:

Este observatorio solar fue descubierto por Juan Rosco Madruga, un profesor y erudito extremeño al que le debemos mucho los amantes de esta tierra. Así lo contaba él en un reportaje publicado en el diario Hoy el 7 de mayo de 2012:

"Me llamó la atención que tiene un agujero natural por el que pasa la luz del sol (...) y comencé a pensar si en determinadas épocas del año la luz llegaría a los grabados. Llegaba alrededor de las dos de la tarde y después de dos años y medio de observación, de irme a Los Barruecos a la hora de comer armado de tortilla, he comprobado que la luz alumbra un grabado totalmente en los equinoccios". ¡En los dos días del año en los que el día tiene igual número de horas que la noche!

La noticia la puedes leer entera pinchando aquí.

Debes saber que, para las sociedades antiguas de agricultores y ganaderos, controlar el calendario astronómico era esencial: para la siembra, la recogida, la trashumancia, etc. Y son numerosos los testimonios de peñas solares o peñas astronómicas marcadas como especiales porque durante una determinada época del año (en los solsticios o los equinoccios) se ilumina una parte significativa de la misma: un grabado, una pintura, una marca...

Es lo que tenemos en la Peña Madruga. 

Y muy probablemente, en el batolito de los escalones, se celebrarían rituales relacionados con el inicio de la primavera (como los ritos de iniciación y matrimonio) o del otoño (como el fin del ciclo ganadero). Fechas que terminarían siendo cristianizadas, pero que han dejado rastro de ese pasado "pagano".

Si nos fijamos en la Peña Onfálica, ésta se asemeja al pecho de la mujer, la Peña de la Seta a un falo y la Peña Madruga simbolizaría, así, un mito de hierogamia: la luz del sol que penetra y fecunda. 

Como puedes comprobar, Los Barruecos es uno de los parajes más mágicos de nuestra tierra. 

Si quieres llegar a este sorprendente observatorio solar, puedes seguir este camino:


Y disfrutar, además, de otras maravillas de Los Barruecos, como sus charcas o su Peña de Tesoro. Abriendo el QR puedes acceder a la ruta


Y sobre las peñas y berrocales sagrados de Extremadura, con abundantes referencias a Los Barruecos, te recomiendo este libro:

Almagro-Gorbea, Esteban Ortega, Ramos Rubio y San Macario Sánchez: Berrocales Sagrados de Extremadura (orígenes de la religión popular de la Hispania céltica)

sábado, 18 de marzo de 2023

LA TORRE DE CUARTO ROBLE EN CÁCERES

En el camino hacia la ermita de Santa Lucía, o hacia las antiguas minas de Moret en el Calerizo, junto al Cerro de Romanos, podemos pasar cerca de las ruinas de lo que aparentemente parece una torre.


Y si has creído ver una torre de vigilancia emplazada sobre un pequeño montículo, no andas desencaminado: su origen es una turris de origen romano y que serviría de protección de una villa romana y  de sus campos de cultivos situados junto al, significativamente llamado por los cacereños, Cerro de Romanos. 

Durante las obras de construcción de las vías del tren de alta velocidad, de hecho, aparecieron restos romanos (probablemente relacionados con una almazara de aceite) en esta zona, como puedes ver pinchando aquí


La hoy llamada Torre de Cuarto Roble, apenas unas ruinas, se asienta sobre las rocas de una pequeña colina y fue empleada también, y con las mismas funciones de vigilancia, por los musulmanes, cuya factura constructiva ha dejado huella. No obstante, en la muralla oeste todavía podemos encontrar los característicos sillares romanos en su base, pero también caídos en el suelo.


También encontraremos la entrada a la torre y dos piedras quiciales en su parte superior. 

La construcción debió contar con tres dependencias: lo que probablemente fuera una sala principal, rectangular y dos pequeñas habitaciones anexas.


Una abertura en el muro oeste es lo único que nos queda de una ventana y todo parece indicar que esta turris constaba de dos plantas. Y aunque no queda nada de la superior, si se conservan los huecos donde encajarían las vigas de madera que sostendrían dicho piso.


Un segundo recinto cercaría la torre a modo de muralla, hoy apenas un talud de medio metro de altura y muy dañado por las labores agrícolas. 


Si quieres acceder a estos restos, tienes que tomar un camino rural cerca de Aldea Moret, el que nos llevaría hasta la ermita de Santa Lucía, girando a la derecha. 

Latitud: 39º26´12"N
Longitud: 6º23´36"W
Altitud: 454 m.s.n.m.


Y si quieres saber más: Alonso Sánchez A. Fortificaciones romanas en Extremadura. UEX 1988

jueves, 16 de marzo de 2023

GARGANTA DE LOS INFIERNOS: por el corazón del Jerte

Nos situamos en Jerte, una pequeña localidad de unos 1.300 habitantes situada entre Cabezuela del Valle y Tornavacas, y que constituye la mejor puerta de entrada para disfrutar de la Reserva Natural de la Garganta de los Infiernos, en pleno Valle del Jerte.  

Iniciado el recorrido, enseguida empezaremos a disfrutar de las vistas del pueblo, ubicado entre la Garganta de los Infiernos y la Garganta de los Papúos, a la que dedicaremos más adelante otra entrada en este blog.

No conviene confundir Valle del Jerte y el pueblo de Jerte. El Valle de Jerte es una comarca natural, declarado bien de interés cultural desde 1973 y donde encontraremos distintas localidades con un encanto especial, un valle que limita al oeste con el Valle de Ambroz y al este con La Vera. Valle que discurre entre dos cadenas montañosas: la Sierra de Tormantos y los montes de Traslasierra y sierra de Béjar, todo ello dentro del macizo occidental de Gredos, que, a su vez, ubicamos en el Sistema Central.

Nuestra ruta senderista por la Garganta de los Infiernos nos permitirá disfrutar de unas vistas espectaculares de este complejo montañoso. Sierras y montes sucediéndose, un paisaje que parece infinito.



La Garganta de los Infiernos nos ofrece abundantes saltos de agua y cascadas, piscinas naturales y pozas que han sido excavadas por la erosión de los ríos que la atraviesan y la recorren.

Llegados a este punto, recuerda que en geografía se denomina "garganta" a esa entalladura en el terreno producida por los cursos de agua, que han formado paredes casi verticales. 

En nuestra ruta estamos dentro de esa entalladura, pero es subiendo hacia la Garganta de los Papúos (que te recomiendo hagas en otro momento, pues lo merece) desde donde podremos ver en toda su dimensión ese profundo corte: 


Estamos en una zona húmeda, por lo que podremos disfrutar de un bosque caducifolio, con robles, castaños, cerezos y madroños. Y junto a los cauces de agua, el bosque de ribera, con sus tejos, acebos y abedules. 

Los Pilones es uno de los escenarios más mágicos de la Garganta de los Infiernos. Debes saber que estás ante un kettle (tetera) o marmita de gigantes, una depresión en forma circular que tiene su origen en procesos erosivos fluvio-glaciares.


Nosotros nos vamos a encontrar con una sucesión de marmitas, de "pilones" convertidos en piscinas naturales, con un agua limpia, clara, refrescante... Un paraíso.

Los llamaron, en Francia, "marmita de gigantes" porque pensaban que allí cocinaban estas criaturas de leyendas y cuentos.

Nuestra senda nos encamina ahora hacia el Puente de Carlos V, pero antes de llegar a él, podremos disfrutar de las vistas, de la sucesión de sierras, de los árboles y de otras piscinas naturales. 


Piscinas naturales como ésta, donde desemboca la llamada "Garganta chica".


Y de roquedos que hay que atravesar, conectando un punto del sendero con el siguiente.


He aquí, ya en la lejanía, el Puente Nuevo o Puente de Carlos V, levantado para salvar un curso de agua y por donde cruzó el Emperador, camino de su retiro en Yuste. 


Este puente nos permitiría enlazar, si quisiéramos, con la Ruta de Carlos V - que sigue su travesía a través del norte de Extremadura hasta Yuste - aunque aquí ya hablamos de palabras mayores dada su longitud. Ruta para hacer en varias jornadas, si se quiere completa.


Toca de nuevo los ascensos y disfrutar de las espectaculares vistas de la sierra de Gredos.


Pero llegará un momento en el que empezaremos a volver a descender, internándonos en un sendero sinuoso entre árboles (en el caso de que hayas decidido hacer la ruta tomando Los Pilones como primer destino, y no como final), pero en ocasiones se nos abrirán claros que nos devuelven las sierras recortando el horizonte.


Y al fondo, Jerte. Destino inicial y final de nuestros caminos.


Puedes ver la ruta aquí:


Y puedes seguirla en este QR