Sí. Toca volver a hablar de Los Barruecos, uno de los paisajes mágicos de Extremadura y, para qué negarlo, uno de mis favoritos. Perderse entre los "berruecos" (piedra irregular, dice la RAE y origen etimológico de Barruecos) es una medicina que aporta serenidad y fuerza para enfrentar el día, la semana, el mes y aún el año.
Hablamos de piedras, pero Los Barruecos es agua y piedra. Tres charcas que nacieron del embalsamiento de varios arroyos entre los siglos XVI y XIX.
La ruta que, junto con los amigos y amigas de la sección de Historia del Ateneo de Cáceres se ha realizado este sábado 11 de marzo, se ha centrado en la charca de abajo, creada en el siglo XVIII para aprovechamiento del lavado de lanas. Pero también tenemos la charca de arriba, para uso de un molino, y la de Frasco Díaz, para abrevadero de animales.
La charca de abajo es la de mayores dimensiones y la que ofrece las mejores vistas de las llamadas Peñas del Tesoro, de las que hablaremos en esta entrada.
La industria de la lana alcanzó un notable desarrollo en Malpartida de Cáceres desde el siglo XVII y, sobre todo, en el siglo XVIII. Lanas que podían terminar en los lanificios de Portugal, en un trasiego comercial intenso a través de la ruta de la translana. La introducción del algodón y los tejidos producidos en las industrias textiles nacidas al calor de la revolución industrial dieron al traste con este importante sector.
El lavadero de lanas de la charca de abajo cobija hoy en día el Museo Vostell.
Junto con las charcas, son notables los enormes bolos graníticos que van jalonando el paisaje, un berrocal abierto donde se suceden piedras caballeras, batolitos graníticos, torreones y bolos. Peñas que, fruto de la pareidolia, han recibido múltiples nombres populares: la peña de la cebolla, la peña del culo, la peña de la tortuga, la peña del caracol...
Ésta, por ejemplo, es la peña del dromedario.
Bolos y torreones graníticos que hoy son los campanarios naturales donde las cigüeñas anidan y sacan adelante a sus crías.
Junto a la peña del dromedario, por ejemplo, se abre lo que podríamos calificar de plazuela natural donde el caminante puede descansar y dejarse arrastrar por el crotorar de las cigüeñas.
Pero, sin duda, es inevitable sentirse atraído por las Peñas del Tesoro, el punto más alto de Los Barruecos y, en realidad, un torreón granítico sobre el que las fuerzas erosivas aún no han actuado completamente para ir dándole una forma redondeada.
En las Peñas del Tesoro, decían las leyendas de los lugareños, se encontraban riquezas escondidas, incluso se creía que allí habían sido descubiertas las cabritillas a la diosa Ataegina, dos exvotos en bronce que hoy se conservan en el Museo Arqueológico Nacional, halladas a finales del siglo XIX aunque no en este lugar, sino en una finca agraria próxima a Malpartida.
Tal vez estemos aquí ante unas peñas numínicas, peñas sacras donde habitaba el numen protector del poblado, que guardaba y protegía las riquezas del mismo. Las leyendas, ya se sabe, se van contando, transformando y reseteándose hasta el infinito.
Sea como sea, las Peñas del Tesoro son hoy uno de los más atractivos lugares de Los Barruecos donde disfrutar de sus cigüeñas.
Hemos hablado de peñas sacras y poblado. Neolítico y calcolítico, debería añadir. Pues Los Barruecos es rico en restos de sus pobladores de la edad de los metales, donde podemos encontrar grabados y pinturas rupestres que forman parte del arte esquemático. También tumbas antropomorfas, pero no te distraigas: ésas son altomedievales.
Geología, Arqueología e Historia se van dando de la mano. Piedra y agua. Cielo y suelo. La vida, en suma.

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El paseo que hemos dado ha sido sencillo, fácil. Puedes seguirlo en wikiloc, o, simplemente, dejarte llevar y hacer tus propios caminos.
El código QR te da acceso a la ruta.
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