En la mancomunidad del Alagón, cuyo nombre procede del afluente más largo del río Tajo, encontramos Valdeobispo, una pequeña localidad ubicada en un paraje excepcional: entre sierras y dehesas.
Estamos en el norte de Extremadura, a unos pocos kilómetros de Plasencia. La antigua Val de Obispo - en donde se han encontrado restos que atestiguan un poblamiento desde la prehistoria - es nuestra puerta de entrada al embalse de Valdeobispo, formado por una represa con central hidroeléctrica y que alcanza un volumen de noventa mil metros cúbicos.
Aquí, en este lago artificial, en su Albergue Turístico, iniciamos nuestra ruta. En este caso, colectiva, con el grupo de Senderismo Gay de Extremadura.
La ruta recibe el nombre de Las callejas de Valdeobispo y nos permitirá disfrutar de uno de los paisajes más agradecidos de Extremadura, la dehesa, de la que ya hemos hablado largo y tendido en este blog, y del que seguiremos hablando, porque la dehesa extremeña es inagotable.
La dehesa es un bosque mediterráneo humanizado, con un triple aprovechamiento forestal, ganadero y agrícola y que, por estas fechas primaverales, se llena del color de su matorral, destacando las retamas, con sus características flores amarillas.
Alcornocales, encinas, robles, algún olivo aislado... Y entre los árboles, los animales, libres y sueltos, pastando.
Durante la ruta atravesaremos distintas fincas, arroyos, como el del Cañito, y andaremos (en ocasiones, contadas, saltaremos) entre berrocales y bolos, destacando la Peña del Búho.
O párate un momento para contemplar el curioso Cortino Colmenero, un muro circular de altas piedras que tenía un objetivo esencial: proteger las colmenas de abejas.

























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