La dehesa extremeña se extiende por buena parte de las dos provincias de la región, un paisaje verde y rico en matices cuando nos acercamos hacia la primavera.
La ruta que aquí cuento empieza en el pueblo de Valle de Santa Ana, cerca de Jerez de los Caballeros.
1.250.000 hectáreas constituyen el bosque de la dehesa en Extremadura, un bosque humanizado, un bosque mediterráneo que tiene en la encina y el alcornoque a sus principales árboles y sometido a explotación ganadera, agrícola y forestal y que comenzó a conformarse ya en la Antigüedad.
Valle de Santa Ana y Matamoros se encuentra en la comarca de Sierra de Suroeste, presentando una orografía accidentada y donde destaca el pico de San José, a 776m.
Por la dehesa encontraremos al cerdo ibérico, la ove merina, la cabra y los vacunos, una ganadería no estacionaria, sostenible, que disfruta de los pastos. Cuando el cerdo es soltado en la dehesa se denomina "montanera".
Pero ¿por qué dehesa? El nombre parece proceder del latín defesa, es decir, "defensa", pasando esta palabra al castellano para designar al terreno acotado para el pastoreo del ganado trashumante mesteño.
Encinas y alcornoques protagonizan el paisaje adehesado, especies arbóreas esclerófilas que están adaptadas a los largos periodos de sequía del clima mediterráneo de interior y al calor del verano, intenso. De ahí sus hojas pequeñas y duras. Árboles longevos, de crecimiento lento y hojas perennes. Los troncos, gruesos y las raíces, profundas, para buscar agua. Árboles que no superan los 20 metros de altura (o muy raramente) pero con una copa frondosa que preserva la humedad (que ni una gota de agua se escape) y aporta una refrescante sombra en el estío.
Y así vamos disfrutando de este paisaje natural y de este bosque humanizado, de sus aprovechamientos y de una práctica agro-ganadera sostenible y respetuosa con los animales. ¡Donde esté la dehesa, que desaparezcan las macrogranjas!














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