Necroturismo. Bajo esta denominación se esconde el creciente interés por los camposantos; aunque, para ser más exactos, por las secciones de panteones y personajes ilustres que se encuentran en los mismos. El Père Lachaise de París, la Recoleta de Buenos Aires, el Protestante de Roma, la Almudena de Madrid son buenas muestras del enorme patrimonio cultural e histórico que pueden encerrar los cementerios.
El de San Juan en Badajoz es mucho más modesto, pero esconde un patrimonio relevante y puede constituir una forma fascinante de acercarse a la historia local de la ciudad, pero también a la de Extremadura.
Un breve vistazo a sus mausoleos y tumbas monumentales - concentradas en un sector del cementerio - revela la pujanza y riqueza que alcanzó en Badajoz la burguesía de los negocios y las profesiones liberales desde mediados del siglo XIX. Sepulturas que se entremezclan junto a las de una aristocracia que empezaba a menguar y con la que la burguesía pacense establecían alianzas matrimoniales.
Estas tumbas nos hablan de la oligarquía urbana pacense, la que nace en el siglo XIX y se extiende a lo largo del siglo XX.
Entre las tumbas descolla una por sus dimensiones, estructura y composición: es la de un joven estudiante de nombre Reinerio Marcos.
Era un estudiante de la Escuela de Minas de Madrid que falleció un 4 de junio de 1886. Su desolada madre, Maxima Hiarte, quiso levantar un monumento a su hijo tan alto que pudiera verlo desde su casa, en la calle de San Juan, 24.
Los actuales edificios que se interponen entre la calle de San Juan y el cementerio de San Juan nos impide atestiguar lo logró, pero qué duda cabe de que estamos ante una de las tumbas más monumentales de Badajoz y, probablemente, de Extremadura. De esta historia habló la periodista Rocío Romero en el diario Hoy, y puedes leer su crónica
pinchado aquí.
Si te fijas en el libro que lleva en sus manos, es el manual del Cuerpo de Ingenieros de Minas.
Una profesión que también se refleja en las herramientas que lo acompañan.
¡Qué diferente es esta tumba de la de Carolina Coronado! Humilde, sencilla lápida que cobija a la gran poetisa extremeña del romanticismo, una mujer que luchó contra los convencionalismos de su época y que defendió la igualdad jurídica entre hombres y mujeres, abogando por la educación de la mujer, entre otras propuestas.
Carolina Coronado murió arruinada y el Liceo de Artesanos de Badajoz tuvo que sufragar esta tumba y su traslado a Badajoz para evitar que acabase en una fosa común en Madrid.
¿Cuándo se construye el cementerio de San Juan? Pues en 1839, siendo Alcalde-Presidente José María López. Un cementerio alejado del núcleo urbano; de hecho, bastante alejado del centro primitivo de la ciudad para cumplir así con las normas de higiene y salubridad impulsadas por el reformismo borbónico del siglo XVIII y que demandaba sacar los restos mortales de la ciudad y ubicarlos a una prudencial distancia. Extremadura tardó bastante en cumplir con estas disposiciones.
En la foto puedes ver la lápida inaugural.
Lápida que está colocada en la antigua puerta de entrada al cementerio.
Aunque san Juan está casi engullido por las nuevas urbanizaciones que se han extendiendo desde mediados del siglo XX, en su momento era un cementerio muy alejado, lo que provocó no pocas protestas entre los vecinos. Superadas éstas, las familias de la oligarquía pacense comenzaron a levantar sus panteones, una ocasión para mostrar el orgullo de su linaje, sea éste fruto de la sangre (la aristocracia) o de los negocios (la burguesía).
Burgueses y aristócratas se distinguían en vida de las clases humildes, y también en la muerte.
Sus palacios-panteones reproducen las arquitecturas más identificadas con lo funerario, especialmente el neogótico. Agujas y pináculos se alzan a cielo.
El principio de emulación hace acto de apariencia y los potentados quieren tener la mejor de las tumbas.
No obstante, dejemos este bosque de estatuas y pináculos y vamos a desplazarnos a una sección en apariencia sencilla, pero donde abunda el misterio, el secreto y los símbolos.
Estamos en el Distrito 5.
Los cementerios son todos, en nuestros días, civiles pero no lo fueron así en el pasado. En sus orígenes eran camposantos, palabra que seguimos conservando en el castellano pero que remitía a una realidad religiosa: el cementerio era un campo consagrado donde eran enterrados los cristianos.
Había secciones para los no bautizados, como los bebés fallecidos antes de que se les pudiera imponer el agua de la fe, la llamada sección del limbo; y los suicidas, que tenían prohibido reposar en suelo sagrado por vulnerar la Ley de Dios, generaban no pocos problemas, por lo que habitualmente se ocultaba esa muerte y se disfrazaba de accidente o de grave desequilibrio mental (pues en este caso se estimaba que el suicida no era plenamente consciente de lo que hacía y, para la teología cristiana, irresponsable), estando todos, empezando por el médico y terminando por el párroco, piadosamente de acuerdo en hacerlo constar así para que se lo pudiera enterrar.
Pero ¿Qué hacer con los que voluntariamente no quieren ser enterrados bajo el rito católico? ¿Qué hacer con quienes profesaban otras creencias, una vez que en España se legalizaba la libertad de culto? ¿O con los extranjeros que vivían aquí y tenían distinta fe?.
El 19 de mayo de 1882, bajo uno de los gobiernos del Partido Progresista de Práxedes Mateo Sagasta, se aprobó una ley que garantizaba la existencia de una sección civil en los cementerios. Al año siguiente, y ante las resistencias y dejadez de los municipios, se promulgó otra norma obligando a los ayuntamientos de más de 6.000 habitantes a contar expresamente con dichos espacios.
En Badajoz nacía el Distrito 5
O el Cementerio de los Protestantes, como lo denominarán popularmente en la ciudad. Allí donde se podían encontrar lápidas y tumbas como ésta, de un alemán muerto en Badajoz en 1918 y que profesaría la religión reformada.
O de pastores evangélicos como Carlos Liñan Andueza
Pero el Distrito 5 esconde mucho, mucho más.
Nada menos que un atractivo conjunto de sepulcros y lápidas donde reposan destacados personajes de la ciudad que formaron parte de la influyente Logia de la Pax Augusta, hermanos y maestros de la masonería, que tan importante fue y de tanta trascendencia para la ciudad de Badajoz. Masones y librepensadores, hombres consagrados al ideas de la Libertad, la Fraternidad y la Igualdad y promotores de organizaciones de solidaridad, de periódicos, de proyectos de reforma educativa y de opciones políticas progresistas.
Y en sus lápidas dejaron los símbolos de su adscripción, hermanos que reposan en la Logia eterna.
Destacan, entre esos símbolos, la escuadra y el compás, sello característico de la masonería internacional.
O las siglas L.I.F (Libertad, Igualdad, Fraternidad, la tríada programática de la Revolución Francesa pero que, previamente, había nacido en las logias de la Francmasonería)
Por desgracia algunas de estas lápidas están en muy mal estado, habiendo sufrido especialmente este Distrito 5 durante la Dictadura Franquista, cuando varios nichos fueron recristianizados y el espacio se convirtió en almacén.
Escuadra y compás, las columnas del Templo y el Sol. Símbolos del Gran Arquitecto del Universo.
Ceferino Guillén Martínez fue concejal del Ayuntamiento y maestro asentador de vías del ferrocarril, importante puesto de trabajo técnico en un sector, el del tren, que estaba llegando, tarde, a nuestra tierra. En septiembre de 1863 se había inaugurado el tramo Elvas-Badajoz y la ciudad quedaba conectada con Lisboa (es curioso que hoy no lo estemos)
Otras lápida masónica, la de Santos Rivacova y Alvárez.
Entre esos masones y librepensadores podemos destacar a
Narciso Vázquez Lemus, médico que había nacido en los Santos de Maimona y que llegó a ser diputado en las Cortes de 1931, las Constituyentes, así como Concejal del Ayuntamiento. Presidente del Colegio de Médicos en 1898 y de la Cruz Roja en 1888, fue un destacado Republicano Federal y Masón, promotor y director de los periódicos
El Autonomista Extremeño y
El Obrero Federal y autor de un proyecto de saneamiento y embellecimiento de Badajoz.
Pinchando aquí podéis encontrar información extensa sobre sus colaboraciones en prensa.

Aquí tenemos a Rubén Landa y su familia, aunque aquí no reposa su insigne hija, Matilde Landa, que sería una importante dirigente comunista extremeña, y que no fue bautizada (hecho muy notable en la época), participando en su inscripción en el registro civil como testigos Narciso Vázquez y el poeta y periodista Manuel Barriga. Su tumba se encuentra en el cementerio de la Palma, pues falleció en la cárcel de esta ciudad, siendo una de las víctimas de la Dictadura Franquista.
Rubén Landa era el sobrino de Carolina Coronado y fue Presidente del Partido Democrático Progresista en 1880. En 1883 estuvo entre los impulsores del fallido pronunciamiento republicano en la ciudad, un hecho notable y relativamente poco conocido. Badajoz se puso a la cabeza de un movimiento para derribar la monarquía de Alfonso XII. También impulsó la Institución Libre de Enseñanza, destacando su amistad con Francisco Giner de los Ríos y Bartolomé Cossío.
Otro insigne masón fue Vicente Martínez Blas, alcalde Badajoz en 1873 y destacado dirigente del Comité del Partido Republicano Federal durante el Sexenio Democrático (1869-74), que terminaría exiliado en Francia junto a su amigo Rubén Landa.
Y terminamos el recorrido por las lápidas con la de Isidoro Osorio y Sánchez Valladares, director de La Crónica y de la Región Extremeña, concejal y alma del Liceo de Artesanos, institución cultural que logró que el Ayuntamiento cediese un terreno para acoger los restos de Isidoro Osorio y sufragó la tumba.
La Logia Pax Augusta, a la que pertenecían mayoritariamente estos masones (hubo otras logias previas en el siglo XIX) impulsó en Badajoz la Caja de Ahorros, el Liceo de Artesanos o la Sociedad Constructora de Casas para favorecer la construcción de éstas con destino a las familias humildes, entre otras iniciativas
Como podéis ver, este cementerio, y este Distrito 5 en concreto, atesoran historias dignas de contar y de visitar.