domingo, 18 de junio de 2023

EL DÍA QUE WELLINGTON ME IMPIDIÓ CONOCER LOS JARDINES DEL PALACIO DE SOTOFERMOSO

En el pueblo de Abadía, en la provincia de Cáceres, se halla un palacio-fortaleza de notables dimensiones; un palacio que albergó uno de los jardines renacentistas más espectaculares de España:

El Palacio de Sotofermoso.


La historia de Soto Fermoso es rica en tradiciones: originalmente, una fortaleza templaria que pasaría a convertirse en abadía cisterciense en el siglo XIII (de ahí el nombre de la localidad), para terminar formando parte del patrimonio de la Casa de Alba, convertido ya en Palacio de los Duques, quienes retuvieron su propiedad hasta el siglo XX.

El imponente palacio-fortaleza domina Abadía y se impone sobre el paisaje.


Austero en su exterior, con escasos o nulos adornos, en su interior esconde un extraordinario claustro mudéjar, o por mejor decir, patio, porque esa terminó siendo su función cuando la abadía se convirtió en la casa de los Alba.

Pero lo más notable de este complejo fueron sus jardines, ya abandonados, pero que todavía permiten evocar los esplendores pasados, visibles en sus arcos y puertas de entrada y sus esculturas.

Desde fuera un grueso muro, sin duda


Un muro donde podemos ver el escudo nobiliario de los Alba


Pero, ¿y si entramos? 

Y aquí es donde interviene mi historia con Wellington.

Con unos amigos, decidimos visitar el palacio y sus jardines un día que no era lunes, aunque éramos conscientes de que ese era el único día en que Sotofermoso estaba abierto al público, de 10 a 11:15. Bueno, si no es posible acceder, por lo menos lo veremos - y lo fotografiaré - desde fuera. Con ese consuelo encaminamos nuestros pasos y llegamos al pueblo. 

Nada más acercarme al palacio, mientras mis amigos aparcaban correctamente el coche (reconoceré cierta y maleducada impaciencia) observé que un señor salía de la casa-fuerte. "Sin duda el guardia", pensé, y decidí abordarle con discreción: "¿Es éste el Palacio de Sotofemoso?" pregunté, siendo yo plenamente consciente de que lo era.

No hubo respuesta. Me miró y continuó su camino. Pero de pronto decidió volverse y me inquirió por mi interés en el palacio. "Soy profesor de Historia y..." empecé a contestar y, en ese instante, para mi infinita sorpresa, me interrogó "¿Qué sabes de Wellington en la batalla de los Arapiles?"

¡Ayyy! Nada, nada sabía. Muchas cosas conozco, muchas fechas, muchos datos. Horas podría estar hablando de la formación del feudalismo o de los caminos que se abren con la revolución francesa, incluso de la dimensión cultural que llegó a tener en su momento el Palacio de Sotofermoso, auténtica corte de intelectuales en el siglo XVI y donde estuvieron alojados, a expensas del ducado, Garcilaso de la Vega o Lope de Vega... Pero de Wellington en los Arapiles.,, 

"De esa batalla, en concreto, nada puedo decir - le respondí - pero si de Wellington en la batalla de Badajoz". Y el buen señor siguió su camino. Nada dijo. Ni un triste adiós.

Había perdido la oportunidad, el reto, la prueba. Porque sin duda Wellington en la batalla de los Arapiles debía ser una prueba que, bien resuelta, te abría las puertas del paraíso renacentista de Sotofermoso.  

Un señor que también estaba por la zona se nos acercó a mis amigos y a mí y nos reveló que aquel que habíamos tomado por guardia del lugar ¡era uno de los actuales propietarios del Palacio!

Volvimos al plan original y recorrimos la imponente construcción desde el exterior. Merece la pena. Y por una afortunada rendija del muro pudimos atisbar a ver las impresionantes puertas de entrada a sus jardines.


Forzando el objetivo de la cámara de fotos, hasta me fue posible documentar los monumentales arcos de acceso con sus esculturas renacentistas y bóveda de casetones.


Recordad que la foto está realizada desde una pequeña abertura en el muro.


Estos jardines fueron creados para Fernando Álvarez de Toledo e incluían esculturas, pinturas e ingenios de agua. Por desgracia se encuentran en muy mal estado en la actualidad.


Más suerte tuvimos en una parada inicial, antes de llegar a Abadía: el Convento de la Bien Parada, en ruinas.


Es la Bien Parada un convento del siglo XVII que está incluido desde 2015 en la Lista Roja del Patrimonio, que elabora Hispania Nostra.

El convento fue habitado por franciscanos hasta la exclaustración de 1820, aunque la ruina ya lo amenazava desde finales del XVIII.


Convertido y usado como establo, fue adquirido por el Ayuntamiento de Abadía en 2005 para restaurarlo, aunque las obras todavía no se han iniciado.


El convento conserva Iglesia, Sacristía, Hospedería y Claustro y destacan con fuerza sus blasones, los escudos en la fachada de la Iglesia, que identifican a la Casa de Alba. 


El uso de la sillería nos muestra que estamos ante una construcción en la que se invirtió mucho dinero y cuidado. No en vano llegó a cobijar Estudios de Teología y Música.


Ojalá puedan iniciarse los trabajos de restauración. 

En todo caso, Abadía merece una visita. Y si vais, acercaos a la Bien Parada y no dejéis de acudir a los jardines de Sotofermoso: un lunes de 10:00 a 11:15h o, en su defecto, preparad una buena respuesta para la prueba de ¿Qué sabes de Wellington en la batalla de los Arapiles?

No hay comentarios:

Publicar un comentario