lunes, 5 de junio de 2023

ENTRE LOS BERROCALES, LLANOS Y PUENTES DE TRUJILLO

La Villa de Trujillo, que vemos recortada sobre el horizonte, ofrece una perspectiva poderosa en el inicio de esta ruta y en su culminación. Nos acompañará mientras damos los primeros pasos y nos recibirá para dar los últimos.

Estamos ante lo que los norteamericanos denominarían - apunta el amigo Francisco Rubio, compañero de marcha en esta ruta - como un excelente skyline. Yo lo resumiría en: una postal como dios manda.

En esta ruta senderista vamos a disfrutar de dos patrimonios naturales: los berrocales y la penillanura, y enlazando ambos mundos, los puentes. 

Empecemos por el berrocal trujillano. La antigua y rica ciudad de Trujillo atesora tal cantidad de patrimonio histórico en su casco viejo que, a veces, su entorno natural puede llegar a pasar desapercibido. No será el caso de esta senda que empezamos a recorrer.

Pronto destacarán, y con qué fuerza, los berrocales: sus batolitos graníticos, bolos y piedras caballeras... su canchal

En esta foto podéis ver un conjunto de berruecos y, recortada sobre el fondo, la Sierra de Santa Cruz.


Iniciada la ruta, Trujillo quedará a la derecha, una villa elevada sobre un promontorio granítico que se conocen como el Cerro Cabeza de Zorro, a 564 m.s.n.m.

Este berrocal trujillano queda acentuado por estar rodeado por la penillanura Trujillana; así, sus formaciones rocosas, como estos dientes de piedra que puedes ver en primer plano en la foto, se recortan sobre la llanura.


Encontraremos aquí parte de la vegetación del bosque mediterráneo, como los encinares y las escobas encajadas entre las peñas; árboles y arbustos que nos darán algo de sombra, sobre todo en la primera y la última parte del trayecto, especialmente en el primer tercio de la ruta, cuando avanzaremos por estrechos caminos entre cercados de piedra. 


Ante tanta formación rocosa la pareidolia hará acto de presencia, y de inmediato: el ser humano tiende a reconocer figuras y patrones familiares en los objetos, a darles un significado. 

Por ejemplo, fíjate en estas peñas: ¿no ves un coche? ¿No ves un gorila?


La pareidolia es una característica de nuestra especie y supuso una ventaja adaptativa en la evolución de los homininos, ya que facilitaba reconocer un territorio, establecer hitos geográficos... saber orientarse, en definitiva. 

Imagina que yo te diga que cuando llegues a la Peña del gorila estarás ya cerca de un inmenso batolito en descenso y estoy seguro de que, al aproximarte a esta mole rocosa, también tú verás al primate.

No sabemos si la peña tiene nombre (en Los Barruecos es habitual dárselos: la Peña del Caracol, de la Tortuga, del Dromedario...) pero mi amigo Francisco y yo hemos decidido bautizarla como la del gorila.


Te he hablado de un batolito en descenso. Es éste que ves aquí. 


En descenso... o en ascenso, si haces la ruta en el sentido contrario a nuestra propuesta (y se puede hacer perfectamente; solo que, en ese caso, la Peña del gorila la verás después de atravesar el batolito). 

¿Y qué es un batolito? una masa extensa de granito.

Seguiremos avanzando hasta alcanzar unas ruinas que  nos sorprenden por los muros conservados y su tamaño: acabas de llegar a lo que nos queda del Convento de los Frailes del Capucho de la finca de Los Arcabuces, o, por resumir, el Convento de Los Arcabuces.


Cuando nos alejemos del lugar, y antes de penetrar en los llanos trujillanos, podremos echar una mirada atrás y ver las ruinas recortadas al fondo y, delante, las tierras que debieron pertenecer a los monjes. 


Debió ser impresionante en su época de esplendor, aunque sencillo al mismo tiempo; un convento de franciscanos que, según investigación realizada por José Antonio Ramos Rubio, pudo ser fundado por fray Juan de Guadalupe y fray Pedro de Melgar y Bobadilla en los inicios del siglo XVI. Lo puedes leer pinchando aquí.

Situado en un cerro, en sus alrededores encontramos una zahurda y restos de un antiguo poblado neolítico. También una piedra resbaladera, aunque por desgracia dentro de la finca de Los Arcabuces y, por lo tanto, no visitable. No obstante, puede verse perfectamente desde el cercado y puedes disfrutar con estos testimonios del llamado berrocal sagrado

Sobre las resbaladeras y su significado escribí en este blog una entrada que puedes leer pinchando aquí. En la foto, la piedra resbaladera de Los Arcabuces.


Nos internamos ya en los llanos, aunque bolos y peñas seguirán jalonando el camino e interrumpiendo esa inmensidad que es la penillanura trujillano-cacereña, como puedes ver en esta foto.


La penillanura trujillano-cacereña se extiende por la zona meridional de la provincia, enmarcada entre el río Tajo y las Sierras de San Pedro y Montánchez. Un paisaje antropomorfizado, donde el bosque mediterráneo ha desaparecido para dejar su lugar a un pastizal no arbolado, tierras dedicadas al cultivo de secano o, más frecuentemente, para pastos de animales, como puedes ver en la foto.


Y en estos llanos es frecuente encontrar una gran riqueza de aves esteparias, o de aves que, simplemente, aprovechan los recursos existentes, como esta cigüeña que pude captar paseando entre vacas. 


Trujillo es una zona Zepa y un paraíso para los amantes de la ornitología, por eso no olvides mirar hacia arriba de vez en cuando, descubrirás pájaros sorprendentes.



El sendero entre los llanos nos lleva hasta la antigua carretera nacional Madrid-Badajoz y, tras atravesarla, entraremos en la zona de los puentes de estas ruta. 

Y justo al lado de dos de esos puentes, uno al lado del otro, puedes encontrar los restos de un molino hidráulico, de buenas dimensiones y cuyo canal de agua, ya seco, ira avanzando junto a la senda que seguimos.


Pero te he he hablado de los puentes. Hay varios, aunque de todos los puentes quiero destacar uno; puente singular, bellísimo, de reducidas dimensiones y, por qué no decirlo, hasta coqueto:

El Puente medieval sobre el río Magasca.


El Magasca es un pequeño río que nace en una zona de dehesas de Trujillo, la de Palacio-blanco y Cuestas de la Madroñera, según podemos leer en el Diccionario de Madoz, constituyendo un afluente del Tamuja.


Salvando el Magasca, este puente medieval. Aunque algunos autores han postulado que aprovecharía sillares romanos (aunque éstos de aquí parecen mucho más toscos y sin su almohadillado característico) y que tal vez existiera un antiguo puente romano que fuera remodelado por completo a finales del medievo.

Nuestro puente se encuentra en la Cañada del Puerto de Miravete, cañada que, de hecho, emplearemos en nuestro avance hacia Trujillo. Y no es la única vía pecuaria que habremos transitado: otra ha sido la Colada de los Berrocales.


Tenemos un puente que se apoya en el suelo rocoso y que consta de cinco ojos, siendo el central de mayores dimensiones. 


En los ojos encontramos el uso de la bóveda de cañón, aunque el central tiene un apuntamiento en la clave, lo que nos remitiría al mundo del gótico. También indica esa filiación cronológica los signos de canteros medievales que podemos encontrar, si miramos con detenimiento, en los sillares de las bóvedas. 


Pero poco importa la polémica sobre su origen. Romano o gótico. no puede ser más hermoso. 

Atraviésalo, disfrútalo y, sobre todo, cuídalo. Es parte de nuestro Patrimonio y hay que preservarlo para las futuras generaciones.


Al poco de dejar nuestro puente encontraremos los restos de un camino empedrado; y aquí también se ha postulado un posible origen romano (¿una calzada?). En todo caso, único testigo de tiempos remotos, un vestigio de la Historia.


El puente medieval sobre el río Magasca es un punto de enlace entre el berrocal y la penillanura. 

Durante la última parte de nuestra ruta volvemos al canchal... ¡Y qué paisajes se ofrecen!


De nuevo conviene echar la vista atrás y contemplar nuestra montaña solitaria, la Sierra de Santa Cruz, donde destaca el pico de San Gregorio, que se alza a una altura de 844 m.s.n.m.


Bolos, piedras caballeras y batolitos a izquierda y derecha de la Cañada. ¡El berrocal trujillano!




Esta vez vamos ascendiendo por la Cañada del Puerto de Miravete hasta alcanzar una cima que acoge otras ruinas: las de la Ermita de Santa Ana


Ermita y, a su lado, casa de rezos de Santa Ana

La ermita u oratorio es una construcción de 1731, con planta de cruz latina; ermita, sí, pero de amplias dimensiones. En su exterior destacan los contrafuertes de sillería.

Estuvo en uso hasta 1809, cuando fue atacada en el marco de la Guerra de Independencia y abandonada. Y en estos dos siglos nada se ha hecho por recuperarla y el vandalismo se ha cebado en sus muros. Forma parte de la Lista Roja de Patrimonio en Peligro que elabora anualmente Hispania Nostra.


En el interior, una sola nave en la que destaca un inmenso arco toral que sostiene la bóveda y, en el crucero, una cúpula semiesférica sobre pechinas. En esas mismas pechinas, y en otras partes del templo como en la sacristía, queda algo de la policromía con la que debió contar en su momento la iglesia.


Este oratorio fue fundando por el obispo trujillano Francisco Laso de la Vega y, según consta en la documentación, allí se celebraban tres misas cantadas al año: en la festividad de San José, en la de Santa Ana y en el Domingo del Rosario. 

A su lado se construyó una casa para acoger a quienes fueran a rezar y también un pósito para almacenar grano al objeto de paliar el hambre en los tiempos de escasez.

La portada de acceso al interior es sencilla, pero destaca sobre el dintel un magnífico escudo labrado con las armas y capelo del obispo promotor.


Escudo obispal que se conserva bien; hermosa obra de heráldica en piedra. 


Y otro escudo de armas adorna la casa para peregrinos, junto con parte del antiguo esgrafiado que completaría los adornos. 

Aquí lo que tenemos es el escudo de los Laso de la Vega, la familia nobiliaria a la que pertenecía el obispo Francisco.


Sirvan estas líneas para reivindicar este oratorio y ojalá que la administración regional pueda recuperarlo, para uso y disfrute de los trujillanos y de los visitantes. Un uso público, por supuesto, porque con dinero público debería rehabilitarse.


Finaliza ya la ruta y desde la Ermita de Santa Ana volvemos a encontrar las vistas panorámicas de Trujillo. La mejor forma de terminar este recorrido que hemos realizado entre berrocales, llanos y puentes.


La ruta realizada. Y en el QR te la puedes descargar.


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