domingo, 28 de mayo de 2023

ERMITAS DE LA PERIFERIA CACEREÑA: SANTA LUCÍA

En la periferia cacereña, entre el Cerro de Romanos y el Cerro Arropé, podemos encontrar varias ermitas que concitaron una notable devoción en el pasado: la de Santa Ana (dentro del actual CIMOV); la de San Benito (en la urbanización Ceres Golf); la de Santa Olalla (en una finca particular) y la de Santa Lucía (en el alcor del mismo nombre).

De la ermita de Santa Lucía te hablaré hoy aquí.

El paseo hasta la ermita de Santa Lucía es agradable y hasta lo podemos ampliar para visitar también la de San Benito y regresar por las Minas de Moret; no obstante en esta entrada me limitaré a daros datos exclusivos de este notable y precioso edificio religioso. 

En sus Noticias Históricas de Cáceres escribía Simón Benito Boxoyo que la Ermita de Santa Lucía es de corta extensión y en su portal hai varios escudos de armas de los Ovandos, Pereiros y otros. 

Y para ser más exactos, y de izquierda a derecha, de los Ovando, Mogollón y Pereros, notables familias de la aristocracia cacereña que tienen sus casas-palacios en la parte antigua de la ciudad.


El inicio de nuestra ruta parte desde el barrio minero de Moret en Aldea Moret; ya en el camino, un desvío nos indica las dos direcciones posibles: hacia la ermita o hacia las ruinas de las minas de fosfatos. 

Las minas nos irán acompañando desde la lejanía a la izquierda del camino, mientras que en el lado derecho podremos ver una torre desmochada que esconde bastante historia: es la Torre de Cuarto Roble, una turris de origen romano a la que se dedicó una entrada en este blog, que puedes leer aquí


También encontraremos en el lado derecho el Cerro de Romanos, que recibió ese nombre por la existencia de una villa romana en sus laderas. Aquel hecho quedó fosilizado en el lenguaje popular. 

Durante la construcción de las vías del ferrocarril de alta velocidad se hallaron restos romanos de esa villa, tal y como puedes leer aquí.


Ya llegamos a la explanada sobre la que se levanta la ermita: un edificio que se ha datado entre el siglo XV y XVI y que es de factura popular. Sencillo, sin grandes alardes constructivos, pero que no quiere dejar de lado la búsqueda de una cierta estética.

Las mejores vistas de Santa Lucía las tendremos desde la arboleda que la rodea y las mejores fechas para visitarla, en primavera, cuando el verde inunda los campos.


La ermita incluía la casa del ermitaño que la guardaba y que hoy se emplea como sacristía. 

Había gran devoción en la ciudad por esta advocación y los libros de cuentas recogen las numerosas limosnas que recibía la ermita por los "milagros" que se le atribuían a la santa. Boxoyo, además, nos indica que la Cofradía de Santa Lucía celebraba annual fiesta el 3º Domingo de Pascua de Resurreccion con mucho concurso.


Consta de una sola nave con cubierta a dos agua, ábside con bóveda ojival estrellada y pórtico. 

El pórtico se levanta sobre escalones de acceso, con dos arcos de medio punto sobre pilares cuadrados y en sus enjutas se labraron los escudos que antes se han mencionado. La espadaña añade un bello toque al conjunto. La verja moderna, eso sí, desmerece a todo el conjunto y lo afea (dicho sea de paso).

El encalado, afortunadamente, se mantiene.


Destaca el ábside poligonal sobre el conjunto, cuya cubierta ojival interior es sostenida por los poderosos contrafuertes que podemos ver en el exterior.


El muro es de mampostería, un material pobre, pero los contrafuertes y los refuerzos en el edificio lo son en sillería. 

Dentro, en lo que se denomina el presbiterio, encontraríamos un retablo barroco de finales del siglo XVII, pero te debo advertir que esta ermita está cerrada, salvo durante el segundo domingo de mayo, cuando se celebra una pequeña romería; un buen momento para visitar Santa Lucía si quieres entrar en su interior.


La ruta la puedes ver aquí, y seguirla abriendo el QR

sábado, 27 de mayo de 2023

TESOROS DE LA SIERRA DE LA MOSCA: EL CORTINO COLMENERO

La ciudad de Cáceres se extiende a los pies de la Sierra de la Mosca, levantada sobre un sinclinal. Varias sierras y cerros la rodean (la Sierra de Aguas Vivas, el Cerro de Romanos, el Cerro de los Pinos...) pero destaca, sobre todo, la amplísima Sierra de la Mosca, donde encontramos los picos del Portanchito, del Milano, del Risco: es nuestra "Montaña". Una Montaña que guarda pequeñas historias preciosas y tesoros.

Hoy os voy hablar de su cortino colmenero.

Para llegar a él hay que desplazarse hasta las inmediaciones de la antigua Mina de San José de Valdeflores, ubicada en la umbría de la Montaña, y seguir unos pocos metros el antiguo arroyo de Valhondo, normalmente seco por los dos azud y pequeñas presas que lo contienen. Frente al Valhondo, mirando al valle de Valdeflores* y alzado sobre una ladera, allí se encuentra esta peculiar construcción de arquitectura popular o tradicional.

Pero ¿qué es un cortino?

Pues un grueso muro circular, de al menos dos metros, en el que se suele abrir una puerta de reducidas dimensiones y con una función muy definida: proteger las colmenas que se encuentran en su interior.

En Galicia lo denominan albariza y en Asturias, cortín y el origen de estas construcciones se remonta a la Edad Media.

Si te acercas a la puerta de rejas para curiosear en el interior encontrarás las colmenas en hilera y en pisos, aunque he de advertir que ya no estén en activo. 

El cortino  cumple muy bien su función: los altos muro protegen las colmenas pero no impiden que las abejas puedan volar en busca de la rica flora de la Sierra de La Mosca en busca de la materia prima con la que crear su miel.

Hay varios cortinos colmeneros en Extremadura, restos y vestigios de una arquitectura rural que, en demasiadas ocasiones, pasa desapercibida. Por ejemplo, en las rutas de las Callejas de Valdeobispo (puedes ver la ruta pinchando aquí) pude fotografiar uno de ellos, aunque parcialmente destruido.

Y en Brozas tenemos otro, fotografiado  en este caso por Víctor Manuel Pizarro para una entrada en su blog dedicada a la arquitectura tradicional y que puedes leer (y disfrutar de sus fotografías) pinchando aquí.

Volviendo al nuestro, se conserva estupendamente y nos rebela que nuestra Montaña esconde muchos secretos y tesoros que tenemos que proteger y poner en valor. Hay cotinos, hay chozos o bohíos (de los que ya te hablaré) y una flora y fauna espectacular.

Es llamativo que esté en la umbría, cuando la mayoría de los cortinos se suelen ubicar en la solana de las montañas para que las abejas aprovechen bien el calor. No obstante. su inclinación le facilita la incidencia solar. 


Si seguimos el camino, subiendo hacia el pico del Portanchito, podrás tener una panorámica desde la lejanía del cortino. La ruta completa por nuestra Montaña la tienes pinchando aquí.


* Nota sobre Valdeflores: mi amigo Valentín siempre me indica que Valdeflores es la contracción de Val de Azores, antiguo nombre del valle. Quede aquí ese apunte.

martes, 23 de mayo de 2023

LOS PRIMEROS ROSTROS DEL TURUÑUELO

El 18 de abril de 2023 se anunciaba a los medios de comunicación un hallazgo excepcional: las primeras esculturas tartésicas halladas en el yacimiento arqueológico del Turuñuelo, en Guareña, datadas en el siglo V antes de la era presente. Puedes leer la noticia pinchando aquí.

Y este 23 de mayo de 2023 se han expuesto por primera vez al público en el Museo Arqueológico Provincial de Badajoz

Entre los Primeros rostros del Turuñuelo destacan estas dos cabezas donde son visibles sus claros rasgos orientales.


¿Qué es el Turuñuelo? 

Turuñuelo, Casas del Turuñuelo o Turuñuelo de Guareña es un pequeño túmulo de origen artificial que se encuentra a unos 3 kilómetros de la necrópolis (probablemente tartésica) de Medellín y que empezó a excavarse a partir de 2015, tras realizarse una primera cata arqueológica en el año anterior. 

Los primeros trabajos realizados descubrieron un edifico de dos plantas bajo la tierra y los escombros acumulados, un edificio que fue destruido y sellado voluntariamente; tal vez un santuario por la presencia de altares y objetos relacionados con la actividad cultual (por ejemplo, vasos para libaciones).

En algún momento de comienzos del s. IV aep. sus habitantes procedieron a clausurarlo, celebrando un ritual que incluyó la hecatombe de animales y su consumo: un festín por todo lo alto, que duraría varios días y tras el cual quemaron el complejo, derribaron sus muros y se marcharon.

En la foto podéis ver una vista aérea del yacimiento.


Si queréis conocer más sobre el mundo tartésico del valle del Guadiana y los yacimientos del Cancho Roano y el Turuñuelo os recomiendo acudir a esta página: construyendo Tartesos.

En las distintas campañas arqueológicas celebradas en el túmulo de Guareña se han obtenido numerosos objetos, muchos relacionados con la vida cotidiana (agricultura, alimentación...) y muchos otros con las ceremonias religiosas o rituales que practicaría esta sociedad proto-histórica. Y entre esos testimonios, en abril de este año, se hallaron los rostros que te presentamos aquí: un hallazgo notable, teniendo en cuenta que se creía que la cultura tartésica era anicónica.

No entraré aquí en la polémica sobre el mundo tartésico: si estamos ante una cultura indígena orientalizada o exclusivamente fenicia; o si son una sociedad integrada por fenicios e indígenas en donde las fronteras entre estos dos mundos se fueron desdibujando y reescribiendo tras siglos de convivencia; o si son los antepasados de los turdetanos posteriores. Simplemente apuntaremos que esta cultura dejó  rastros de su existencia en los Valles del Guadalquivir (poblados y complejos que abandonaron a partir de la crisis del siglo VI aep.) y en el Valle del Guadiana (que emnpezaron a poblar en el s. V y abandonaron a partir del siglo IV aep.) Tartesos ocupaba un área clave al ser puente de unión entre las rutas comerciales del Atlántico y las del Mediterráneo.

El caso es que el Turuñuelo escondía una monumental sorpresa: esculturas


Fragmentos en piedra que representan a cinco individuos distintos y cuyas facciones nos traen, de inmediato, asociaciones con lo oriental

No es extraño, los rasgos orientalizantes se difunden a lo largo del Mediterráneo entre las primeras culturas y civilizaciones, fuertemente influenciadas por el rico mundo fenicio: etruscos, íberos y griegos acusan esas influencias. Un dato: nuestros alfabetos son de origen fenicio.

Vamos a destacar este primer rostro. Le falta parte del pómulo, boca y barbilla. Su llamativo peinado destaca.


Estamos ante un rostro idealizado en el que sobresale, en la oreja izquierda que conserva, un pendiente: aquí tenemos un adorno que se denomina arracada y que era de oro.


Esas arracadas de oro también las podemos observar en las dos orejas de otro rostro notable:  prácticamente completo, igualmente idealizado y con un peinado flamígero.


En la foto puedes ver el detalle de la arracada.


¿Y cómo sabemos que estos adornos eran de oro? Pues porque se han encontrado en el yacimiento tartésico de Cancho Roano. En el Museo Arqueológico de Badajoz podemos ver varios de estos pendientes.


Son colgantes de oro laminado, lo que implica un buen dominio de las técnicas de orfebrería, con un cuerpo central hueco y una forma "amorcillada". Las arracadas se cierran con alambres de sujección. 


Estas esculturas del Turuñuelo nos rebelan así cómo se usaban estos adornos. En una de las estatuas vemos que no solo tenían un cierre para colgarse del lóbulo de la oreja, algunas podían incluir un colgante para sujetarse mejor a la oreja.


Más detalles sorprendentes: el agujero practicado en este lóbulo, indicativo de la existencia de un pendiente hoy desaparecido (¿sería éste real y no realizado en piedra, una arracada de oro?)


Puedes observar el agujero de entrada y de salida en el lóbulo izquierdo de la escultura.


Escultura, por cierto, que es parte de un rostro en el que podemos ver lo que se ha interpretado como un casco adornado con volutas en su parte superior, y un grueso cordón trenzado en torno a la oreja. Se cree que pertenece a la estatua de un guerrero.


Otro fragmento nos muestra un bello rostro en el que destaca el tocado o diadema y los inicios de un cabello que sería ondulado.


El último fragmento está muy afectado por el fuego con el que se destruyó el complejo. Una bella espiral.


Hay otros detalles en las esculturas. Por ejemplo, podemos ver los huecos y conductos donde estarían los cilindros que servirían para encajar las cabezas.

¿Eran estatuas de cuerpo completo? Por el momento sólo se han encontrado éstas. Y digo por el momento porque hasta el momento se ha excavado únicamente un 15% del túmulo. El Turuñuelo está llamado a sorprendernos con nuevos hallazgos en próximas temporadas arqueológicas.

En la foto puedes ver el agujero interior.


Y la salida del mismo por la parte superior de la escultura.


Tienes aquí el hueco interior.


Y no es la única escultura que lo tiene.


Como veis, la visita al Museo Arqueológico de Badajoz es obligada. Aprovechar estos últimos días (quince días) para disfrutar de estos primeros rostros del Turuñuelo,


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Fotos: realizadas por mí, salvo la vista del yacimiento del Turuñueloç

Fechas y horarios de la exposición: hasta el 4 de junio de 2023. De 9 a 15h y de 17 a 20h de martes a sábado. Los domingos: de 10 a 15h.

Bibliografía recomendada:

Artículo en línea: Tarteso en Extremadura, de Sebastián Celestino y Esther Rodríguez, pinchando aquí

Libros:

a. Tartesos y los fenicios de occidente. De Sebastian Celestino y Carolina López.
b. Los fenicios en la Península Ibérica. De Benjamín Collado


domingo, 21 de mayo de 2023

RUTA POR LAS CORRALÁS: LA DEHESA BOYAL DE TORREQUEMADA

Pongamos un cercado formado por el apilamiento de piedras sin labrar: no hay uso de hormigón, ni de cemento, ni de argamasa que las sujete; el muro aguanta solo por el peso de las piedras, unas encima de las otras. 

Cuando vemos un cercado así, estamos ante una técnica constructiva tradicional denominada "de la piedra seca", declarada Patrimonio Inmaterial por la UNESCO en 2018, tal y como puedes leer aquí

Este arte popular lo vas a encontrar en abundancia en Torrequemada,  en un paraje natural de su dehesa boyal (el prao) que sus vecinos denominan las corralás.

Pero antes de hablarte de estos corrales para la cría de cerdos, permite que te presente esta ruta y su inicio. 

Nos encontramos en Torrequemada, el segundo de tres pueblos muy próximos entre sí y que se encuentran en la carretera entre Cáceres y Miajadas: Torreorgaz, Torrequemada y Torremocha. Las tres torres.

El pueblo disfruta de una enorme finca de uso comunal, una dehesa boyal de 270 hectáreas que ha logrado sobrevivir a las desamortizaciones de Madoz en el siglo XIX y a las fiebres privatizadoras de los últimos 50 años. Un apunte curioso sobre las desamortizaciones de Madoz: afectaron a los municipios, que perdieron sus bienes de propio y sus tierras comunales; pero en Torrequemada los vecinos decidieron agruparse para optar a la venta, logrando así preservar este bien.

En la foto, ya puedes ver la charca grande o charca del prao que encontramos al poco de iniciar nuestro camino.

En nuestros días, una dehesa boyal comprende aquellos prados y pastos donde los habitantes de la vecindad  pueden soltar y pastorear sus ganados o recolectar los productos de sus suelos y árboles, como las setas y bellotas. En este mismo blog hemos hablado de otra dehesa boyal, la de Arroyo de la Luz.

En esta que estamos recorriendo encontraremos un paisaje de dehesa extremeña, con sus encinares y alcornocales como árboles dominantes, y el ganado pastando libre entre ellos. Un bosque abierto y transformado por la acción antrópica.


No hay que preocuparse por toparte con las vacas, incluso con esas que parecen toros a ojos profanos. Estos rumiantes son criaturas mansas que no molestan, mientras no sean molestadas.

Eso sí, estate atento a si las vacas están encinta o recién paridas, sobre todo en este último caso, porque son protectoras de sus crías. 

Pero vacas no es lo único que te vas a encontrar: sorprende descubrir una pequeña manada de caballos y yeguas.


Equinos que tienen en la dehesa una buena extensión para las caballadas.


Y si al autor de este blog le gusta especialmente la dehesa, su debilidad es, como ha quedado de manifiesto en esta web, el berrocal. ¡Y aquí hay berruecos y batolitos graníticos en abundancia, peñas y bolos y alguna piedra caballera!

De hecho, este granito ha sido explotado por los canteros para obtener grandes planchas, abundando en el terreno las huellas de un trabajo artesanal, en los tiempos en los que la cantería no estaba "industrializada".


Suelen abundar los asientos construidos para los corrillos, bancos de granito donde comer, charlar, celebrar juegos o simplemente descansar en el camino.


Y si te fijas bien, podrás ver las líneas de fractura de la piedra que han ido realizando a lo largo de los siglos los canteros del entorno. No debes entender aquí un oficio exclusivo, sino una técnica que también dominaba la población agraria del entorno y que hacía uso de ella para obtener la materia prima para sus casas, cercados y construcciones.


Iniciado el recorrido, pronto nos encontraremos con los numerosos cercados de animales levantados con la técnica de la piedra seca: las corralás

Este entorno etnográfico, este vestigio de arquitectura popular y rural, fue declarado bien de interés cultural en 2017 y solo por pasearse entre estos cercados merece la pena la visita a la dehesa boyal.


Son varias decenas de corralas o zahurdas, 230 en total, dedicadas exclusivamente a la cría del cerdo.


Puedes distinguir en las construcciones dos espacios: un pequeño habitáculo donde la cerda podía cobijarse para parir a sus lechones y un corral.


Posteriormente, los cerdos serían llevados al pueblo, engordados y finalmente sacrificados en la matanza. Del animal (cerdos y lechones) se obtenían alimentos para uso de una familia durante un año entero. La caza y la pesca ocasional, y los productos agrarios sobre todo, junto a lo obtenido de gallinas, vacas y ovejas, aportaban todos los recursos necesarios para vivir.


Las corralás pertenecían a distintas familias de la vecindad.


Como puedes ver en las fotos, las hay circulares y rectangulares y algunas de ellas, las más complejas, hasta pueden emplear la argamasa.



En última foto, a la izquierda, parece ser que tenemos una construcción donde viviría el guardián de Las Corralás, o tal vez  tuvo un uso en algún momento como bujío de pastores, pues así se han interpretado los nichos que se observan en su interior y que no aparecen en otros corrales.


Nuestro camino sigue y dejamos atrás los cercados de piedra seca para seguir el curso del Salor, río que nace en las Sierras de Montánchez y que desemboca en el río Tajo, el más largo de la Península. Es, pues, uno de sus numerosos afluentes.


El Salor discurre íntegro por la provincia cacereña, un caudal con un marcado estiaje veraniego (disminuye notablemente) y 120 km de longitud. Y aunque es afluente del Tajo, también él tiene los suyos propios: el Ayuela, el Casillas y la Rivera de Araya... Afluentes de un afluente.


Caminando a su ribera llegamos hasta el puente sobre el río Salor y la Ermita de Nuestra Señora del Salor, tal y como puedes ver en esta panorámica: río, puente y ermita.


El puente, aunque puede parecerte medieval por su ligero arco apuntado, es del siglo XVI. Y todo parece indicar que fue levantando para sustituir a otro anterior. Como puedes ver en la foto, uno de sus lados se apoya en el lecho granítico. El otro lo hará en tierra.

Torrequemada se encuentra en el trazado, perdido, de un antiguo camino romano y se han encontrado restos romanos en el entorno: un poblado, una villa y tumbas antropomorfas, de las que luego hablaremos, por lo que cabe suponer la existencia de un puente romano en este mismo  lugar, sustituido con posterioridad por éste. En Torremocha, sin ir más lejos, encontramos un pequeño puente de origen romano.


Aquí tenemos un puente de tres ojos (que es como se denominan a los arcos del mismo por los que discurre el agua), aunque solo destaca el central, con una anchura total de 7 metros. La calle del puente es amplia, atravesándolo, de hecho, los coches en la actualidad (muy pocos, afortunadamente).

Su factura es notable, sobre todo si lo comparamos con otros del entorno, empleando con abundancia la sillería, que le otorga sensación de solidez y fortaleza, sin excluir una decidida apuesta por la estética. Es un puente bello.



Lo vamos a cruzar, pero antes de subir hasta la ermita conviene desviarse ligeramente, porque a unos 100 metros encontraremos un antiguo molino medieval, que conserva el canal del agua y uno de sus cuerpos.


A un lado, la antigua rueda del molino.


Y ya sí: avanzamos hacia la notable Ermita de Nuestra Señora del Salor. Atento viajero, aquí tienes un templo singular, aunque te recomiendo que te hayas puesto en contacto con el Ayuntamiento para solicitar las llaves, porque si su exterior es hermoso, su interior es espectacular.

La ermita se asienta sobre un inmenso batolito de granítico, en una pequeña altura.


En realidad son dos edificios (fíjate en las dos linternas): uno de origen medieval (aunque reformado en el siglo XVI) y otro añadido con posterioridad, el actual ábside o capilla mayor, del siglo XVIII y de estilo barroco. 

La tradición dice que aquí se apareció la Virgen a un pastor (un relato que se repite en tantos otros lugares) para rebelarle donde podía hallar una talla con su imagen. 

La talla adquirió fama y fue muy venerada, levantándose de inmediato una ermita para cobijarla. De hecho, aquí tenemos el primer templo de advocación mariana existente en la Comarca y Villa de Cáceres. 


Notables son sus pinturas murales, como las del arco ojival de la portada norte, con una representación de la Virgen y de los ángeles.


En este detalle puedes ver uno de los ángeles y el color dominante: el rojo carmesí.


La ermita fue destruida durante las guerras napoleónicas, incluyendo la talla mariana (la actual es moderna) y el lugar fue empleado como establo para los animales. Habrá que esperar a los años ochenta del siglo XX para que el edificio sea objeto de una afortunada restauración que impidió su definitivo deterioro.


Una restauración que también puso de relieve la belleza de sus arcos interiores, de claros resabios mozárabes (hay quien considera que la factura pudiera ser templaria y que esta iglesia debe ponerse en relación con la cacereña ermita del Espíritu Santo, hipótesis que queda aquí apuntada, aunque nada de eso es seguro).

Que no tengamos muebles o que los bancos estén limitados a las partes delanteras, nos permite apreciar mejor lo magnífico del conjunto: un espacio diáfano, libre, solemne, que invita a la introspección.


La restauración también sacó a la luz las pinturas murales en las que vemos distintos episodios de la vida de Cristo. Por ejemplo ésta, con Cristo camino al Calvario.


O la representación de la última cena, donde también se coloca a la Virgen María en la mesa, junto a su hijo (hay quien propone que sería María Magdalena, pero yo lo dudo).

La presencia de la Virgen en la Última Cena es notable y refleja bien la importancia que adquirió el culto mariano en este lugar.


Te invito ahora a que te fijes en el suelo del exterior porque podrás encontrar varias tumba antropomorfas y otros elementos excavados en el batolito granítico. 


Destacan estas dos tumbas junto a uno de los lados del ábside. Muy probablemente la ermita se levantó sobre una antigua necrópolis romana o altorromana.


Así puedes una necrópolis de origen romano: de nuevo encontramos aquí el berrocal sagrado de los pueblos de la antigüedad, muchos de ellos cristianizados con posterioridad. Este sería uno de esos casos. 

Para otros autores tal vez habría una iglesia visigoda o mozárabe y las tumbas no serían romanas, sino altomedievales-visigodas. El autor de este blog se inclina, sin embargo, por la génesis romana, sin excluir posteriores (y habituales) reutilizaciones.

Las de la ermita no son las únicas tumbas. Hay otras escondidas en el entorno, una de ellas muy espectacular y excavada sobre un bolo granítico. En ésta, dice la tradición, "dormía" la talla de la Virgen encontrada por el pastor.


Regresamos al camino, volvemos a cruzar la Ermita y, antes de pasar por la puerta de entrada del norte, nos fijamos en el grabado del umbral: apenas se ve, pero es un antiguo juego de origen romano que hoy conocemos como el tres en raya: un alquerque (¿es esta piedra del umbral una reutilización de un material constructivo anterior?)


Vamos a ir finalizando la ruta, volviendo al pueblo. Otra oportunidad de disfrutar del paisaje de la dehesa extremeña.




Pero antes de entrar en el pueblo, un ligero desvío ligero nos lleva hasta la llamada Fuente de los Montanchegos, por estar ésta en el camino natural entre Cáceres y Montánchez. Todo parece indicar que es de factura medieval.


Terminamos la ruta. Pero no queremos dejar la localidad sin pasar por La Torre y el lugar que tal vez de origen al nombre del pueblo: Torrequemada. Es El Cerro de La Torre.


Aquí encontramos una construcción defensiva en ruinas, aunque ésta es del siglo XVI y no se trata de la atalaya defensiva destruida en 1174 en los enfrentamientos entre los Frates de Cáceres (orden de caballería que daría origen a la de Santiago) y Abu Jacob. Aquella Atalaya quemada y derruida daría nombre a la localidad, en opinión de Floriano Cumbreño.



En el Cerro de Torrequemada, donde se encuentra La Torre (y también un yacimiento del Calcolítico a sus pies), podéis ver un vértice geodésico, viejos vestigios de la geografía previa al GPS que se enclava sobre un bolo granítico en el que se han excavado unos escalones de acceso (¿serían anteriores o se hicieron para facilitar el acceso al vértice?). Y precisamente detrás de este afloramiento rocoso se encuentran los restos, escasos, de una construcción, tal vez aquella torrezuela o atalaya quemada.


La ruta la puedes ver aquí, y descargarla para seguirla, en el QR. No está incluida La Torre y el Vértice porque fuimos al lugar tras comer, pero no tiene pérdida.