martes, 14 de marzo de 2023

SIERRA DE LA MOSCA: Un bosque mediterráneo que abraza Cáceres


Los cacereños la llamamos, simplemente, "La Montaña", pero su nombre completo es Sierra de La Mosca.

La Sierra la Mosca, con una altitud de 718 m.s.n.m. acoge un bosque mediterráneo en el que podemos destacar sus dos especies icónicas: la encina y el alcornoque; ambos, árboles pertenecientes al género Quercus. Bosque que en sus proximidades a la ciudad se transforma en un paisaje de dehesa.


La dehesa, como ya hemos explicado en este mismo blog, es un bosque mediterráneo humanizado, intervenido por el hombre para obtener de él un aprovechamiento forestal, ganadero y agrario. El bosque se despeja y la distancia entre las encinas aumenta, desapareciendo el sotobosque y apareciendo un prado donde el ganado obtiene su alimento al aire libre, mientras que de las encinas y alcornoques se aprovechan también sus bellotas y su madera. 


Dehesa que, en estas fechas, y a medida que nos aproximamos a la primavera, se llena de verde, de color y de olores embriagadores. Las flores tejen un colorido tapiz sobre los suelos.


No obstante, en nuestro recorrido por la Sierra de la Mosca, es posible encontrar una generosa muestra de bosque de encinares vírgenes, puros, con sus brezos, retamas, jaras... Con un sotobosque a rebosar.


La ruta por la Sierra de La Mosca empezó en la Fuente del Rey o la Charca del Marco, donde emerge - desde los suelos calizos - la Ribera del Marco, tan importante en la historia pasada de Cáceres. Y siguiendo la Ribera del Marco fuimos recorriendo algunas de sus fuentes (Fuente Fría, Fuente Concejo y Fuente Rocha), hasta llegar a San Marquino, barrio que precede a una de las entradas a nuestra sierra. 

Este breve recorrido nos permite, disfrutar de unas espectaculares vistas de la ciudad, de sus murallas, palacios e iglesias. 


Buena oportunidad para admirar la factura de la cerca almohade que, en el pasado, cerraba la ciudad y la protegía; o del punto más elevado del casco antiguo, la plaza de San Mateo, en cuyas proximidades destaca el Palacio de las Veletas; y justo detrás de éste podemos ver la torre-campanario de San Mateo.


O la Torre de los Pozos, donde recientemente se ha excavado parte de su patio de armas y que recibe su nombre por tener un acceso directo a un aljibe. Proveerse de agua era fundamental cuando Cáceres era una plaza fuerte en manos de los almohades y, posteriormente, de los cristianos.


Dejado atrás San Marquino, podemos volver la mirada y contemplar la Iglesia de Santiago, poderoso edificio gótico que domina el barrio al que da nombre.


Estamos ya en la Sierra de la Mosca. Aconsejo al senderista que se pare, que disfrute de las flores o del cantar de los pájaros. Estamos en la zona de umbría y aquí encontraremos madroños, durillos, jaras y brezos. Y en sus zonas más altas, enebros.


Pronto llegaremos a las ruinas de las antiguas minas de San José de Valdeflores, importante hasta los años 50 y que hoy es motivo de agria polémica por la posibilidad de volver a su apertura para obtener litio, aunque con un sistema de extracción mucho más contaminante. 



Superado ya el valle de Valdeflores, podemos ver a la derecha la dehesa y distintas explotaciones agrarias donde se practica una agricultura y ganadería sostenible. 


Y una vez situados junto a la casa que llaman Aulladero de Lobos tenemos una buena panorámica de la Sierra. Estamos en la mitad, más o menos. El pico del Portanchito destaca por sus antenas. 


Y en la lejanía, enfrentado al Portanchito, el Cerro del Milano. No es el punto más elevado, aunque lo parezca. Ese punto es el Risco.


Volvemos a subir en dirección a las ruinas del hospital de tuberculosos. Estamos a punto de entrar en la solana, donde predominarán los acebuches, las aulagas, las retamas, los cantuesos, las coscojas y las cornicabras. Y las encinas y alcornoques, por supuesto. 



Estos paisajes, estos matorrales y pastos van a favorecer una notable diversidad de animales, entre los que podemos mencionar a las aves rapaces (sobre todo los milanos, que dan nombre a uno de los cerros principales, como hemos visto; pero también el águila calzada o el ratonero), abubillas, papamoscas, currucas y herrerillos y numerosas especies de anfibios y reptiles. 

La Sierra de la Mosca es santuario para especies en peligro de extinción, como el águila imperial, la cigüeña negra o el milano real.

Situados ya en plena solana, podemos ver en la lejanía otras sierras y el calerizo. La torre que vemos al fondo no es tal, sino la chimenea de la antigua mina de fosfatos de La Esmeralda. 



Nuestra Sierra de la Mosca es el único enclave de la penillanura trujillano-cacereña donde vamos a encontrar un bosque mediterráneo bien conservado, un "reducto de flora típica mediterránea", en expresión de Montaña Chávez (ver aquí), un cinturón verde que abraza Cáceres y nos da vida a los cacereños y cacereñas. Nuestra Montaña, la Sierra de la Mosca, es corazón y pulmón de la ciudad, símbolo de la misma. Elemento central de este sinclinal sobre el que fueron asentándose los hombres y mujeres desde la Prehistoria hasta llegar a nosotros. 

Una isla de árboles en forma oval en medio de una extensa llanura de pastizales. 

Finalizado ya el recorrido, volvemos a contemplar las siluetas del casco antiguo.


 Y, si volvemos la vista atrás un momento, el Santuario de la Virgen de la Montaña.


Ésta ha sido la ruta:


Y puedes seguirla abriendo este QR o pinchando aquí.

4 comentarios:

  1. Gracias Víctor por mencionar mi reseña. Te he visto varias veces pasear por allí. Juntos conseguiremos conservar este espacio tan amenazado. Enhorabuena por el artículo, muy completo y acompañado de bellas fotografías... Tenemos cosas en común! Saludos.

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    1. Sí, es un paisaje por el que me gusta perderme en cuanto tengo ocasión.

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  2. Un paseo precioso, singular, bien documentado y mejor ilustrado. Gracias Víctor. La aberración de una supuesta mina en este paraje asusta cuando viene amparada por responsables públicos. No pasarán!

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