Vamos a dolmenear por Extremadura, palabreja que no existe en el diccionario de la lengua castellana, pero que bien podríamos patrocinar los extremeños, dada la magnitud que el megalitismo va a alcanzar en nuestra tierra.
Dolmenear es recorrer nuestros megalitos, disfrutar de la naturaleza que los enmarca, comulgar con nuestros antepasados y conocer nuestra historia. Y en la ruta que vamos a presentar, que empieza en la Aceña de la Borrega, encontraremos un paisaje silicio espectacular, el Berrocal de la Data, y cinco dólmenes: Data I y II, Mellizo y Cajirón I y II
Comenzemos.
Nos encontramos en Valencia de Alcántara, siendo La Aceña de la Borrega una pedanía de ésta, a 3 kilómetros de La Raya portuguesa y a medio camino entre Alcorneo y Las Lanchuelas. Como nos recuerda Primitiva Bueno y Antonio Vázquez (en "Patrimonio Arqueológico de Valencia de Alcántara"), aquí estamos ante el grupo dolménico más importante de la Península Ibérica, después del luso de Reguengos de Monsaraz. Se han documentado al menos 43 dólmenes.
Las poblaciones del IV y III milenio que levantaron estos sepulcros colectivos formaban un continuum territorial con el Alentejo portugués (donde destaca el grupo, ya mencionado, de Reguengos); un espacio enmarcado por la red fluvial del Tajo y las estribaciones de la Sierra de la Paja, que los portugueses denominan Sierra de San Mamede.
En la foto, la Sierra dominando el horizonte. A la izquierda podéis ver el dolmen Data I
Estas sierras proporcionarán a las poblaciones prehistóricas abundantes recursos: zonas de caza, pastos para el ganado o materias primas para sus edificaciones (así, en los berrocales del entorno, como el Berrocal de la Data, se obtienen las grandes planchas de granito que se utilizarán para construir los megalitos).
¿Quiénes fueron los constructores de estos dólmenes? Aquí tenemos ya a sociedades sedentarias y dedicadas a las labores agrícolas y ganaderas, inmersas en la edad de los metales, cuya cronología se ha establecido entre el IV y el III Milenio. Pueblos que han hecho de la ganadería su principal actividad y cuyos poblados - de los que apenas nos han llegado evidencias dada la fragilidad de éstos (las cabañas de madera no dejan rastro arqueológico) - estarían dispersos por todo el territorio. Los dólmenes serían sus panteones, el lugar donde enterrar a sus muertos y rendirles culto, tal vez una forma de delimitar su espacio y, al mismo tiempo, un instrumento para reforzar su identidad grupal: de ahí que fueran construcciones permanentes, hechas en piedra para perdurar durante generaciones.
El primer dolmen que vamos a visitar es Data I que pronto nos sale al encuentro en medio de un paisaje dominado por los berrocales y las sierras.
Data I es un sepulcro con una cámara de gran tamaño, donde destacan sus ortostatos de granito (que es como se denomina en arqueología a las lanchas de piedra hincadas en vertical en el suelo).
En un dolmen vamos a identificar una cámara circular o poligonal (como es el caso), donde se depositaban los huesos de los fallecidos, y un corredor, que puede ser largo o corto. En Data I tenemos un dolmen de corredor corto y una cámara delimitada por cinco ortostatos, con un diámetro de 3.90X3 metros.
No se conserva la losa de cubrición, que sin embargo encontraremos apoyada sobre el primer ortostato de la cámara. Tampoco se conserva el túmulo que cubriría la construcción, pues en el caso de los dólmenes lo que nosotros vemos es su esqueleto.
Muy cerca, a unos pocos pasos, nos saldrá al paso Data II. Su estado de conservación es peor y por el suelo veremos varios de sus ortostatos.
La cámara está formada por ocho losas, con un diámetro de 3,80X4 metros. Su corredor estuvo oculto hasta la excavación realizada por Primitiva Bueno en 1985, hallándose también una parte de los ajuares que acompañarían a los muertos en el viaje al más allá; un hecho notable, porque la mayoría de los dólmenes fueron expoliados en el pasado.
La vegetación se ha adueñado de la construcción y nos llama la atención el poderoso paraje que lo rodea.
Bolos graníticos, piedras caballeras, canchales y batolitos. Estamos en la Extremadura silicia, de la que tanto se ha hablado en este blog y, porqué no decirlo, paisaje preferido por su autor.
Un paisaje que es el resultado de un proceso geológico llamado gelifracción, en el que ha intervenido el agua que se infiltra en las grietas de la roca (las diaclasas), su congelación (y recordad que el agua, al helarse, aumenta de volumen) y la posterior fractura de la piedra. Todo ello, claro, a lo largo de miles de millones de años.
Si. Estamos en un paisaje espectacular y que tiene nombre: el Berrocal de la Data. Mientras caminamos hacia nuestro tercer dolmen, el del Mellizo, vamos a ver en todo su esplendor este escenario mágico de granitos y cuercitas.
El Berrocal de la Data es un monumento natural, el quinto de Extremadura. 30 hectáreas delimitadas por el batolito de Nisa-Alburqueque (el suelo), sobre el que se asientan los bolos, pedrizas y piedras caballeras.
En la cima de este batolito. por ejemplo, podéis ver un llamativo bolo y, a su derecha, una piedra caballera, que llama la atención por parecer estar a punto de deslizarse.
Este berrocal tiene la friolera de unos 300 millones de antigüedad. Viejo no, viejísimo. Para que os hagáis una idea, hace 65 millones de años que los dinosaurios se extinguieron y nuestra especie, el homo sapiens, apenas tiene 300.000 años a sus espaldas. El batolito, 300 millones de años. Nosotros empezamos a caminar sobre él hace 40.000 años, cuando el sapiens arriba a Europa.
El Berrocal de la Data se nos presenta en primavera con todo su esplendor: un manto de flores se extiende a sus pies.
Este berrocal ofreció a las poblaciones prehistóricas la materia prima para levantar sus construcciones funerarias, como las que ya hemos dejado atrás, o la que encontraremos en breves momentos: el Mellizo, el mejor conservado y el más espectacular dolmen de Valencia de Alcántara.
Tiene varios nombres: Anta de la Marquesa, el Mellizo o Data III. Nosotros lo denominaremos el Mellizo, nombre que le dieron los habitantes de la Aceña porque en sus proximidades se encontraba un segundo dolmen que no ha llegado hasta nuestros días.
Estamos ante un gran sepulcro con cámara circular y corredor corto, donde además se conservan restos del túmulo.
Pero, sobre todo, vemos la enorme losa de cubrición, uno de los pocos ejemplares extremeños que la conserva.
Ocho ortostatos van cerrando su cámara, con un diámetro de 3X3.6 metros, por lo que estamos ante una construcción megalítica de notables dimensiones.
Aunque saqueado, Primitiva Bueno logró obtener algunos ajuares, preciosos sobrevivientes al expolio, entre los que podemos destacar puntas de flecha y fragmentos de cerámicas.
El otro notable elemento que encontramos en El Mellizo es la piedra de umbral que, a modo de puerta, separa el corredor, de pequeñas dimensiones, de la cámara.
El autor de este blog decide posar ante esta maravilla.

Aunque hasta ahora hemos seguido una ruta más o menos circular (nos hemos desviado brevemente durante unos pocos metros para visitar Data I y II) los siguientes dos dólmenes implican un notable desvío de 1,2 kilómetros.
Pero los cajirones, y especialmente el Cajirón II, los merecen.
Eso sí, vas a seguir disfrutando de nuevos berrocales que harán más liviano el camino.
Observa estas piedras. Estos berruecos que para los hombres del pasado, las sociedades entre el Neolítico y la Edad del Bronce, formaban parte de su mundo sagrado: el berrocal sagrado. ¿Hasta la Edad del Bronce? Y más allá, porque los viejos mitos se reconvirtieron y reformularon y tal vez la vieja Diosa Madre del Neolítico devino en la cristiana Virgen de la Roca.
Entre bolos y sierras llegamos a el Cajirón I, el peor conservado de los cinco dólmenes de nuestra ruta, junto con Data II.
Cajirón I se encuentra sobre una notable elevación y varios de sus ortostatos, los que cerraban su cámara sepulcral, han desaparecido. La losa de cubrición la podéis encontrar en el suelo, a la izquierda en esta foto.
Uno de sus ortostatos se mantiene en pie gracias a un soporte en hierro, que impide que caiga definitivamente al suelo. ¿Se podrían reconstruir estos dólmenes? Sin duda, pero esa sería una acción agresiva que no se recomienda, porque al fin y al cabo estaríamos desvirtuando el monumento.
Las intervenciones en arqueología deben ser las mínimas, las necesarias para evitar el deterioro de un bien y que podamos verlo tal y como ha llegado hasta nuestros días.
Sí, Cajirón I, roto, disperso, caído en tierra... Sí, todo ello. Pero sigue aportando belleza, sigue apelándonos y removiéndonos. No es falso, no es impostado. Es un poderoso eco del pasado que sigue resonando con fuerza.
Y qué distinto es Cajirón II.
El hermano pequeño de El Mellizo. Discreto, de reducidas dimensiones, pero conservando su cámara y la losa de cubrición.
La cámara tiene un diámetro de 2.72X2.92 metros y contrasta con el corredor, que aunque corto, nos parece de notables dimensiones en comparación a la pequeña cámara.
Cajirón II también fue expoliado, pero se pudieron recuperar algunas cerámicas, varias de ellas con decoración de puntos impresos.
Muy cerca del dolmen se ha podido documentar la cantera de la que se extrajeron sus losas, a unos 50 metros. No es algo frecuente en la arqueología ibérica lograr identificar el megalito con la cantera que proporcionó la materia prima.
Tal vez sea hora de indicar que Data I y II, Mellizo y Cajirón I y II tienen orientado su corredor y puerta de entrada a la cámara en dirección al este.
No es casual: el sol, entre el amanecer y el mediodía, alumbrará la cámara, llevando luz a la casa de los muertos. Vida y muerte. Ocaso y resurrección, un poderoso mensaje.
Despedimos ya a nuestro pequeño dolmen de corredor corto, no sin antes volver a disfrutar del berrocal que lo rodea.
No hay duda de que estas poblaciones eligieron a conciencia el lugar donde levantar sus sepulcros.
Con Cajirón II despedimos a los dólmenes de esta ruta y volvemos sobre nuestros pasos. En breves minutos estaremos descendiendo hasta la Aceña de la Borrega, hasta el punto de inicio. Pero no es un camino aburrido, al contrario.
En el descenso podremos ver las mejores vistas de las sierras y serretas de la Aceña.
Pinares, alcornoques, encinas, retamas y jaras nos acompañarán en la bajada, junto con la promesa final de un buen vino en los bares de la localidad.
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