Inauguro una sección en el blog que se dedicará a las curiosidades que nos esperan en Los Barruecos, el espectacular paisaje silicio que encontramos en Malpartida de Cáceres, a sólo 16 km. de la capital de la provincia.
Hoy te presento el Bujío de Arriba, denominado así por hallarse en Los Barruecos de Arriba, mirando a la Charca de Arriba.
Bujío, bohío, bugio, bojío... pueden ser otras de las tantas variantes fonéticas para referirse a estos refugios de pastores.
La RAE indica que estamos ante una palabra de origen arahuaco-caribeña, registrada por primera vez en los diarios de Colón en 1506 para denominar a las cabañas americanas.
Y del Caribe pasaría a Canarias para designar las chozas de campesinos y pastores hechas en piedra:
abitavan en quevas y bohios hechos de piedra que hasta oy hay algunos y eran de tanta rrazon que quando pasavan a viuir de vnas partes a otras las quevas y bohios que dexavan, en que les quedava algo ponian a tres passos de la entrada dellas vna cruz y el que passava de la cruz y entrava en la cueva y bohio tenia pena de muerte y la executaba con gran rrigor
(Descripción de las Islas Canarias. Fines del XVI)
Y desde las Islas Afortunadas llegará a Andalucía y Extremadura, conservando el concepto de choza en piedra de uso agro-pastoril.
Nuestro bujío se levanta en el punto más alto de Los Barruecos, sobre un notable batolito granítico, como podéis ver en esta foto.
El batolito se extiende hasta la Charca de los Barruecos de Arriba, la primera en ser construida para dar servicio a un molino en el siglo XVI. La Charca de los Barruecos de Abajo es ya del siglo XVIII y vinculada al Lavadero de Lanas (actual Museo Vostell). Del siglo XIX proviene la Charca de Frasco Díez, la más desconocida para el turista.
Las vistas al Monumento Natural de Los Barruecos, desde aquí, son espectaculares.
Los bujíos son importantes testimonios etnográficos del pasado pastoril y agrario de nuestra tierra, pequeñas joyas de la arquitectura popular o vernácula que, lamentablemente, se están perdiendo.
Afortunadamente, el nuestro se conserva extraordinariamente bien, habiendo sido objeto de una afortunada restauración.
Lo primero que nos llamará la atención es que se construyó aprovechado un abrigo rocoso, unas peñas que aportarán parte de la pared y del techo a la cabaña.
De estructura circular y con techo encalado, cuenta con chimenea y dos aberturas: la puerta, pequeña y baja, y un ventanuco en el techo que aporta luz al interior.
Si decidimos entrar, encontraremos un espacio interior donde destaca la chimenea y el banco situado junto a ella. Fresco en verano, cálido en invierno.
Los bujíos han tenido distintos usos a lo largo de la historia, desde almacén hasta cobijo de animales, pero sobre todo han servido para proporcionar un refugio a los pastores que guardaban los ganados en determinadas épocas del año: un uso, por lo tanto, habitacional.
Es el caso del nuestro, como revela la chimenea, el banco o los huecos de su interior.
Los bujíos o cabañas circulares se han documentado desde la prehistoria y están asociados a la economía agraria, de subsistencia. Conviene no romantizar la vida pastoril: era extremadamente dura.
En Extremadura - y en Cáceres - tenemos abundantes ejemplos de refugios de pastores, destacando éste en Los Barruecos; otro, peor conservado, en la Charca de Frasco Díez, uno en la Dehesa Boyal de Arroyo de la Luz y varios en la Sierra de La Mosca... por citar los más cercanos a Cáceres.
El bujío de arriba se ubica, eso sí, en un entorno de tal belleza que se convierte en un auténtico rincón mágico de Los Barruecos.
Un apunte interesante sobre la técnica constructiva: la mayoría son de planta circular y los muros se realizaban en mampostería.
En este bujío podemos admirar la técnica constructiva "de la piedra seca": un cercado formado por piedras sin labrar, que no emplea ni hormigón, ni cemento, ni argamasa: el muro se sostiene por el peso de la gravedad. La técnica de la piedra seca ha sido declarada Patrimonio Inmaterial por la Unesco desde 2018.
Observa en la foto las piedras y las pequeñas lajas que van rellenando los huecos, aportando solidez a la estructura.
Debemos poner en valor esta arquitectura popular o vernácula. Construcciones tradicionales que usaban los materiales que se podían encontrar en el entorno, que se adaptaban a las condiciones climáticas y geográficas del lugar y cuya "técnica" se transmitía de generación en generación mediante la observación y la práctica.
Cuando vayas, pues, a Los Barruecos, no olvides subir a este bujío para hacer un tributo a la dura vida de los pastores de Extremadura. Trátalo bien, ayuda a conservarlo, no dejes restos ni suciedad, para que puedan disfrutar de él quienes nos sigan.
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